Ya se va acercando el momento deseado por todos los españoles. A falta de dos meses para la celebración del sorteo de Navidad nos encontramos con infinidad de números que nos rodean día a día. Supermercados, cafeterías, bancos, tiendas,... Son inseparables papeletas de la felicidad que asignaran al más agraciado la oportunidad de pasar, entre comillas, una Navidad un poco más desahogada.
Están los incondicionales que todos los años juegan el mismo número o terminación, ya sea por tradición familiar o por recurrencia. Están los soñadores, aquellos que tras ver entre almohadas la cifra se obsesionan por encontrarlo en cualquier punto de venta. Están los viajeros, aquellos que buscan la suerte en otras regiones creyendo que en su localidad no va a tocar.
Nos tocará o no nos tocará la lotería, pero hasta el momento del sorteo viviremos de ilusión, disfrutando de los deseos que obtendríamos si consiguiéramos el deseado premio.
Se juega en familia, entre amigos, en grupo o en solitario. La lotería auna, crea, renueva amistades entorno a ella. No se ha visto un acto lúdico más cercano al pueblo.
Por ello salgan y no duden en comprar lotería, tampoco mucha, con un solo número es suficiente, ya saben la teoría. Todos entran en el bombo.
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